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Due in part to a Senate seat switching parties in a recent special election, health care reform legislation may be stalled in Congress for now. Many had hoped that long-overdue reform, extending affordable health coverage to tens of millions of people who lack it now, was on the horizon. And some, disappointed at the current impasse, are looking for scapegoats.
One charge is that the Catholic Church doomed health care reform by its opposition to federally funded abortion coverage. One New York Times reporter, commenting on the bishops’ new letter urging Congress not to give up on authentic reform, described the bishops as switching to the “other side” of the issue after helping to bring the legislation near death.
The charge runs counter to a number of well-established facts.
First, the Catholic bishops have supported national health care reform for decades. Catholic teaching sees health care not as a commodity, but as a support for life and health that every human being deserves as a matter of right. The bishops wrote to Congress numerous times in the past year, urging progress toward authentic reform – reform that would make health care more affordable, ensure access to health care for immigrants, and respect life from conception to natural death while upholding rights of conscience. They urged that the legislation comply with policies on abortion and conscience rights that have long governed other major federal health programs. Making this bill into a vehicle for weakening or changing federal policy on abortion, they warned, would threaten the real goal of expanding access to basic health care.
Second, opinion surveys showed that others agreed. Most American women and men don’t want abortion in their health coverage, and don’t want the government funding or promoting abortion. Legislation ignoring this strong sentiment would garner public distrust.
Third, the inclusion of clear language against federally funded abortion coverage is what saved health care reform legislation in the House of Representatives. The bill did not have the votes to pass, until the last-minute approval of the Stupak amendment allowed pro-life Democrats to support the bill in good conscience. The Senate refused this language, instead crafting a “compromise” that has failed to win support from groups on either side of the issue.
Fourth, it is the pro-abortion movement that has announced opposition to all current health care reform bills. The National Organization for Women, for example, opposes even the weak and loophole-filled Senate language on abortion, accusing Congress of “throwing women under the bus” to pass health care reform legislation. It is not difficult to see which groups want to hold reform hostage to impossible demands.
What does the future hold? To Catholics, abandoning helpless unborn children is not an option. Nor is abandoning millions of people who lack access to health care. Members of Congress made some progress last year toward reform that respects the life, health and conscience of everyone. They should not abandon the task, but try to work together on authentic reforms that can earn the support and trust of Americans who appreciate the dignity of each and every human life. The bishops would be the first to applaud that effort.
Mr. Doerflinger is Associate Director of the Secretariat of Pro-Life Activities, U.S. Conference of Catholic Bishops. To learn more about the bishops’ pro-life activities, see www.usccb.org/prolife and www.usccb.org/healthcare.
La reforma del sistema de salud y la agenda Pro Vida
Por Richard M. Doerflinger, el subdirector del Secretariado de Actividades Pro Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos
La legislación que reforma el sistema de salud parece estar frenada en el Congreso por el momento, en parte porque en una reciente elección especial un escaño del Senado pasó al otro partido. Muchos pensaban que la tan esperada reforma, que extendería la cobertura de salud asequible a miles de millones de personas que hoy en día carecen de ella, estaba en el horizonte. Y algunos, desilusionados con el punto muerto al que se ha llegado, están buscando chivos expiatorios.
Una acusación que se hace es contra la Iglesia Católica porque condenó la reforma de la salud al fracaso al oponerse a la cobertura de abortos con fondos federales. Al comentar la nueva carta de los obispos instando al Congreso a no abandonar la reforma auténtica, un periodista del New York Times dijo que los obispos “cambiaron de bando” en esta cuestión después de que ayudaran a casi liquidar el proyecto.
Esta acusación va contra una serie de hechos sólidamente establecidos.
En primer lugar, los obispos católicos han apoyado la reforma del sistema nacional de salud durante décadas. Las enseñanzas católicas consideran la atención médica no como una mercadería sino como un apoyo a la vida y la salud al que todos los seres humanos tienen derecho. Los obispos le escribieron al Congreso muchas veces el año pasado, instando a que se avanzara hacia una reforma auténtica: una reforma que hiciera la atención médica más asequible, que la garantizara para los inmigrantes y que respetara la vida desde la concepción hasta la muerte natural al mismo tiempo que defendiera el derecho a la objeción de conciencia. Instaron a que la reforma se ajustara a las políticas sobre aborto y derecho a la objeción de conciencia que desde hace mucho tiempo rigen a los otros programas de salud federales. Advirtieron que usar este proyecto de ley como medio para debilitar o cambiar la política federal sobre el aborto pondría en peligro la meta auténtica de extender el acceso a los servicios de salud básicos.
En segundo lugar, sondeos de opinión mostraron que otras personas estaban de acuerdo. La mayoría de las mujeres y hombres de los Estados Unidos no quieren que se incluya el aborto en sus planes de salud, y no quieren que el gobierno financie o fomente el aborto. Cualquier ley que ignorara este fuerte sentimiento se ganaría la desconfianza del público.
En tercer lugar, lo que salvó el proyecto de ley de reforma del sistema de salud en la Cámara de Representantes fue la inclusión de términos claramente contrarios a la cobertura del aborto con fondos federales. El proyecto de ley no contaba con votos suficientes, hasta que la aprobación a último momento de la enmienda Stupak permitió que los demócratas Pro Vida pudieran apoyarlo con tranquilidad de conciencia. El Senado rechazó esa redacción, y elaboró en cambio una solución “de compromiso” que no ha logrado obtener el apoyo de algunos grupos de ambos bandos.
En cuarto lugar, es el movimiento pro aborto quien ha anunciado su oposición a todos los proyectos actuales de reforma del sistema de salud. La Organización Nacional para las Mujeres, por ejemplo, se opone aun al texto débil y lleno de lagunas del Senado, y acusa al Congreso de “sacrificar” las mujeres para aprobar la legislación sobre reforma del sistema de salud. No es difícil darse cuenta de cuáles son los grupos que quieren tener a la reforma como rehén de requisitos imposibles.
¿Qué pasará en el futuro? Para los católicos, la opción de abandonar a los indefensos niños por nacer, no existe. Como tampoco la de abandonar a los millones de personas que no tienen acceso a la atención médica. El año pasado, el Congreso avanzó hacia una reforma que respeta la vida, la salud y la conciencia de todos. Es preciso que no abandonen la tarea, sino que procuren trabajar juntos por reformas auténticas que puedan ganarse el apoyo y la confianza de los estadounidenses que valoran la dignidad de todas y cada una de las vidas humanas. Los obispos serían los primeros en aplaudir un esfuerzo así.
El Sr. Doerflinger es el subdirector del Secretariado de Actividades Pro Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Para más información sobre las actividades pro vida de los obispos visite www.usccb.org/prolife y www.usccb.org/healthcare.
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